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Editorial
Otra vuelta de tuerca
Con
el cambio de año damos otro paso más hacia el nuevo milenio y aunque se
dice que Año Nuevo vida nueva, no parece que las expectativas que ofrece
el 98 –ojalá no tenga nada que ver con el mismo año del siglo pasado-
sean, de momento, muy halagüeñas.
Para
empezar, desde nuestro bien amado Ministerio de Hacienda ya se nos avisa
para que nos vayamos preparando para recibir sin desmayos ni soponcios una
nueva subida –prevista entre un 20% y un 24%- en las cargas sobre los
dichosos módulos.
Y
aunque lo de pagar siempre sea algo, por lo visto, necesario, no por ello
deja de ser un trago nada agradable pero es que, encima, parece que
siempre somos los mismos los que tenemos que cargar con el mochuelo.
Pero,
por si aflojar la mosca no fuera poco, lo que más enfada, encocora,
arrebata, encorajina, encabrita, repatea, mosquea y enmohina es que lo
que tanto nos cuesta ganar y con tanta frescura se nos exige, luego se
dilapida a lo tonto y sin que, por lo general, a quienes sufragamos el
sarao, casi nunca nos llegan ni las migajas.
¿Funciona la Sanidad? ¿La Educación ha mejorado y rebajado sus costes? ¿Se
soluciona lo del paro? ¿Tenemos seguridad en nuestras calles y hasta en
nuestras propias casas? ¿Cesa la corrupción? ¿Se erradica la pobreza? ¿Se
frena, al menos, esta lacra? ¿Suben los salarios? ¿Bajan los impuestos?
¿Se mantienen –no pidamos que bajen- los precios? ¿Cuántas de estas
preguntas tienen respuesta positiva? ¿Cuántas de estas cuestiones tienen,
simplemente, respuesta?
Ahora, eso sí, las necesidades de esta máquina de diecisiete estómagos que
es el Estado de las Autonomías, siguen aumentando en proporción geométrica
sin que el ciudadano de a pie vea por parte alguna que sus impuestos
reviertan en su propio beneficio ni, claro está, en el de esta sociedad
enfadada, encocorada, arrebatada, encorajinada, encabritada, etc.
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