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Editorial
La vida sigue ¿igual?
Cuando recordamos y celebramos el trigésimo aniversario del mayo francés,
acontecimiento que no hubiese sido posible sin la entusiasta participación
de miles y miles de españoles -mayo del 68 en París y la alternativa de
Parrita en Valencia han sido los dos hitos históricos a los que mayor
número de gente ha acudido jamás– amantes de las libertades cívicas y los
derechos humanos y cuando aún están recientes los ecos del debate del
estado de la nación, es momento para recapacitar y echar la vista atrás,
¿España va bien?
Pregunta compleja y complicada que no se puede contestar en unas pocas
líneas. Sí que se pueden analizar, sin embargo, las condiciones en que
siguen desarrollando su trabajo los vendedores de prensa.
Un
trabajo que viene condicionado de manera decisiva por el servicio que
prestan los distribuidores, aunque tampoco conviene generalizar porque
siempre hay excepciones que confirman la regla. Un servicio que, cuando
menos, cabría tildar de irregular y que deja mucho que desear.
Parece que de nada sirven las quejas y las negociaciones más o menos
amables y educadas. Los pedidos siguen llegando tarde, mal y nunca.
Es el
cuento de nunca acabar pero al que, evidentemente, algún día habrá que
ponerle punto final.
¿Tan
difícil es llevar el día las peticiones de quien, al fin y al cabo, es su
cliente y de quien recibe su razón de ser? ¿Qué se consigue con dejar
colgados un día sí y otro también a quién tiene que ganarse la vida
vendiendo un producto que no le llega ni a tiempo ni en condiciones para
que su venta le rinda algún beneficio?
En
otro lugar de este mismo número se recogen las quejas y lamentos de un
vendedor de prensa que por más que haya protestado y por más que haya
hecho ver sus razones no ha conseguido nada.
Es
evidente que de mayo del 68 a hoy mucho han cambiado las cosas, pero en
nuestro sector seguimos padeciendo lo que es, sin lugar a dudas, una grave
incompetencia. En este punto cabría preguntarse si treinta años después la
vida sigue igual.
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