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Editorial
El error del romántico
Como todos los años, una vez más el verano y las vacaciones –para quien
las haya tenido- son mero y agradable recuerdo. El otoño nos devuelve,
inmisericorde, a la rutina diario y con ella a la brega con pegas y
problemas que surgen por doquier. No son los más leves las que provoca el
desmadre de las distribuidoras pero, hoy por hoy, el verdadero punto negro
es el asunto de los fascículos así como el tema de las suscripciones,
auténtico acto de piratería por parte de los editores que buscan
aprovecharse del trabajo y la labor del punto de venta para conseguir
suscripciones directamente, ahorrándose un buen pellizco en comisiones y
ofertando un precio más bajo que el marcado. ¿Habrá que recordar, llegados
a este punto, el artículo 35 de la Ordenación del Comercio Minorista, en
su apartado B, cuando dice que los precios ofertados deben ser siempre los
mismos que se aplican a otros comerciantes, bien minoristas, bien
mayoristas, pero que en ningún caso se podrá ofrecer al público
directamente al mismo o a menor precio que en el punto de venta? Es de
esperar que no y que los responsables de esta sinrazón –seamos suaves, de
momento- recapaciten y se den cuenta de que, además de tener a la ley en
contra, están tirando piedras contra su propio tejado.
Pero
aunque la esperanza dicen que es lo último que se pierde, para el sufrido
retorno ya han vuelto a inundar a los kioscos con colecciones y
fascículos. Colecciones ya obsoletas, pasadas de modo, fascículos
atrasados que a nadie le interesan y que suponen un nuevo trastorno para
el vendedor que no sólo tiene que esforzarse por sacarlos adelante sino
que tiene que estar muy atento a llegar a tiempo al plazo establecido
unilateral y dictatorialmente para las devoluciones. Pasó el verano y
volvieron los oscuros nubarrones. Bécquer no tenía razón.
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