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Editorial
¿Hay que echar el cierre?
El
desorden en el kiosco ha alcanzado cotas insospechadas, el editor parece
ignorar lo que sucede en la calle, el distribuidor muchas veces se
encuentra tan desbordado como nosotros. El clima en el punto de venta se
hace cada vez más irrespirable y las tan prometidas soluciones no parecen
llegar.
Pronta va a comenzar el verano y los problemas disminuirán, como disminuye
el servicio, como disminuyen las promociones, como disminuye el importe de
las facturas, como disminuyen los clientes, como disminuyen los
beneficios, etc.. y gozaremos de esos cuatro días de vacaciones alejados
de la crispación que todo esto nos produce.
¿Pero
qué sucederá a la vuelta de las vacaciones y se inicie otro nuevo ciclo en
nuestros kioscos?. Se incrementará las promociones de los periódicos con y
sin cupones, habrá un número de lanzamientos de coleccionables superior al
de años anteriores, las revistas vendrán con inmensos cartones y con
regalos de esos que se rompen, y todo esto nos aumentará los problemas de
mal servicio tanto en cantidad como en hora de llegada de la mercancía,
nos aumentarán los pedidos atrasados, su demora en recibirlos o en no
recibirlos nunca, nos aumentarán los problemas en las reclamaciones de
género devuelto, pendientes de abonar y cargos indebidos, y seguiremos
hablando y seguiremos contando cosas que nos pasan para ver si algún
editor, distribuidor, políticos, etc., las remedian.
El
clima del punto de venta se hará asfixiante y nuestra paciencia se
terminará y querremos soluciones y estas no llegarán.
Alguien pensará que hacemos ciencia ficción, que pretendemos ponernos la
venda antes de tener la herida, pero es que estamos muy quemados, son
muchos años de promesas, de expectativas favorables a que todo se
resuelva, pero un ciclo se cierra y el siguiente no tiene mejores augurios
que el anterior.
Tendremos que ser nosotros los que unidos emprendamos acciones encaminadas
a defender nuestros intereses, nuestro pan de cada día, llegando al cierre
si fuera necesario, a ver si de esta manera empiezan a valorar el trabajo
que desempeñamos y toman de una vez para siempre las medidas necesarias
para resolver todas las cuestiones que desde hace tiempo venimos
reclamando.
No
quiero ser agorero, pero tengo el presentimiento de un otoño muy caliente.
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