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Editorial
Ya
tenemos frente a nosotros las fiestas de Navidad (¡cómo pasa el tiempo!)
y el nuevo año 2005 nos mira con sus ojos de recién nacido. Hora es de
hacer balance del último año y de presagiar buenos augurios para un
nuevo ciclo.
Muchas veces tenemos la sensación de que el tiempo transcurre muy deprisa
y que todo lo que rodea nuestra vida cotidiana conlleva una gran
velocidad. Sin embargo, lo que permanece inalterable, siempre inalterable,
son los eternos, históricos, permanentes y obsesivos problemas de nuestros
quioscos. Y por supuesto, el número uno de todos ellos, el mayor
quebradero de cabeza de nuestros puntos de venta siguen siendo los
editores y distribuidores y su impredecible forma de funcionar. Ahí si que
podríamos decir sin equivocarnos nada en absoluto, que el “tiempo pasara”
(Casablanca, la peli), “pasarán más de mil años, muchos mas” (Sabor a mí,
el bolero) y las generaciones de vendedores de prensa se irán sucediendo,
pero que el problema -nuestro problema- con las distribuidoras no se
solucionará durante todo el periodo evolutivo de la especie humana, de eso
no hay ninguna duda. Pero tampoco tengamos excesiva resignación ante ello,
porque al final como nos sigan buscando, nos encontrarán.
Al
hacer un pequeño balance de lo que ha supuesto el último año para nuestra
organización y los puntos de venta no podemos dejar de reconocer que
poquito a poco, “tacita a tacita”, se van consiguiendo pequeños avances.
Ni que decir tiene que a todos nos gustaría que estos avances fueran
auténticos pasos de gigante -siempre nos queda la sensación de que o
avanzamos poco o estamos donde estábamos- y que los problemas del punto de
venta tuvieran una solución lógica y acorde con la profesionalidad que
todos estamos buscando. Sin embargo, la reflexión serena y ponderada nos
indica que la solución de los problemas de nuestro sector no está
revestida de facilidades ni es un camino de rosas. La Asociación está ahí
y no para de moverse por conseguir las reivindicaciones del sector, pero
por otra parte no debemos de minusvalorar que, precisamente por estar ahí,
impedimos tentaciones de rebajar condiciones, porcentajes y sistemas de
funcionamiento que a buen seguro se implantarían en la búsqueda de
rentabilidades a costa de nuestra profesión.
Esperemos que el próximo año nos depare buenas noticias para los puntos de
venta y que el avance de nuestras exigencias comerciales y profesionales
sea una realidad.
Felices Navidades para todos y prosperidad para el año nuevo (y que nos
toque la Lotería).
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