A lo largo de todos estos días —semanas ya, incluso meses— estamos corriendo el riesgo de enfocar el desaguisado producido por la aplicación de la llamada «Ley Antitabaco» en un asunto entre poderes públicos y quiosqueros. Nada más lejos de la realidad. Si el punto de venta sale «seriamente tocado» —¿cuántos quioscos serán los que sobrevivan al verano?— de esta auténtica barbaridad legal, no menos cierto es que el usuario se ha visto claramente perjudicado, convirtiéndose en víctima «colateral».
No son pocos los correos electrónicos que han llegado a la redacción de elkiosco.info llamándonos la atención sobre  las dificultades y quejas de los usuarios para encontrar un producto legal que, hasta hace veintitrés días, se expendía legalmente en los quioscos.
La abrumadora mayoría de usuarios, según dichos comunicantes, se quejan —con razón— de que una cosa es la limitación del consumo de tabaco en determinados establecimientos y lugares y, otra bien distinta, las dificultades provocadas de forma artificial y discriminatoria, consecuencia directa de un ataque directo a la libertad de comercio de un sector económico muy concreto.
Se nos informa, además, que son muchos los usuarios del quiosco que se han solidarizado con los titulares del punto de venta en un doble sentido.
1.— De un lado, la quiebra de una tradicional relación entre fumador y quiosquero, ya que el tabaco constituía de facto el motivo por el cual muchos clientes se acercaban al quiosco y, de paso, adquirían otros productos. Ni qué decir tiene, que la prohibición de la venta del tabaco va a convertir a muchos usuarios en «antiguos clientes».
2.— De otro lado, se han disparado las dificultades para que el fumador pueda conseguir la cajetilla o el cartón en los estancos o, en su defecto, en máquinas expendedoras. Ello obliga a los fumadores, que antes adquirían el tabaco en la amplia red que constituyen los quioscos, a perder mucho tiempo, bien porque los estancos están lejos de sus lugares de residencia o trabajo; bien porque dichos establecimientos tienen horarios limitados; bien porque las aglomeraciones en los estancos coadyuvan a hacer la compra aún más incómoda… Todo ello, sin olvidarnos de aquellos fumadores que consumen marcas de tabaco poco habituales, marcas que no son suministradas por las máquinas expendedoras convencionales.
En resumen: una legislación nefasta para los quiosqueros, más trabas en la libertad de elección de los consumidores y, obviamente, un nuevo zarpazo al tan celebrado como zarandeado «comercio local». Peor, imposible.

elkiosco.info