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Valencia propone
reuniones para cambiar el actual sistema de las devoluciones
De
todos es sabido el histórico problema que ha generado —y genera—
para el punto de venta el tema de las devoluciones de revistas y fondos
editoriales que el quiosco tramita y gestiona. Ante la situación de crisis
en la que nos encontramos, el actual sistema de devoluciones debe de
cambiar sustancialmente a corto plazo, siendo una medida
imprescindible para salvar la economía básica del quiosco.
Los
editores y distribuidores aplican medidas en base a la búsqueda de la
rentabilidad comercial de la edición y de la distribución. Nosotros
debemos de hacer lo mismo. Lo que no podemos hacer es estar
permanentemente trabajando en la devolución de revistas que llegan
masivamente a los quioscos, que apenas están expuestas al público, y que
son devueltas para que el cargo de la distribuidora no nos asfixie. Si los
editores y distribuidores quieren que su producto esté expuesto en
nuestros puntos de venta, el sistema actual tiene que cambiar
radicalmente. Si no es así, el tiempo que estamos perdiendo cada día
en devoluciones habría que emplearlo en nuevas concepciones comerciales y
en la búsqueda y experimentación de otros productos más rentables. Por
ahora, lo que debemos hacer todos es exigir a las distribuidoras que no
nos manden aquellas revistas que no nos interesen y ése va a ser el
caballo de batalla de la Asociación para que lo cumplan permanentemente
sin que el punto de venta tenga que estar cada semana recordándoselo.

Hay
que insistir que todo aquello que sabemos que va a llegarnos y que lo
vamos a devolver, es absurdo que lo sigan mandando. Ya está bien de
devoluciones, devoluciones y más devoluciones. En la sociedad actual y en
la situación de crisis que padecemos esta pérdida de tiempo, de
dedicación y de recursos es patética e impropia de una red de ventas y de
distribución de productos del siglo XXI. Cuando otros sectores
comerciales de la sociedad están aprovechando hasta el más mínimo
resquicio de oportunidad para arañar rentabilidad y eficacia a la oferta y
la demanda, la actividad de “devolucionador” en la que editores y
distribuidores nos quieren encasillar, refleja una evidente falta de ideas
y de iniciativas para modernizar, revolucionar y sacar a la red de
ventas de la apatía y el anquilosamiento desmotivador a que nos tienen
acostumbrados. La comodidad ante los resultados económicos que
complacientemente obtienen los editores y distribuidores hacen que el
punto de venta sea el patito feo de toda la cadena de ventas.
Por
eso, muchos puntos de venta, ante la presión de los cargos y la evidente
falta de ventas, han emprendido el sistema de devolver por sistema,
valga la redundancia. Las distribuidoras piensan que antes de entrar en el
punto de venta el producto a distribuir éste ya está vendido. En la
situación de crisis actual este planteamiento es erróneo y asfixiante.
Con ello, lo único que se produce es una pronta devolución por parte del
vendedor para evitar cargos, lo que conlleva falta de exposición del
producto y la posterior pérdida de ventas.
Si
editores y distribuidores quieren que los productos estén ofertados al
público tendrán que cambiar radicalmente el sistema de distribución que
ofrecen al quiosco, dándole medios para motivar la venta sin
asfixiarlos en la tesorería del negocio.
Los
quiosqueros tenemos nuestros problemas y ofrecemos los cauces de diálogo
adecuados para solucionar la pérdida de ventas actual. Somos un eslabón
esencial en la cadena de ventas y por ello buscamos fórmulas que
beneficien a todos, no solamente a los intereses editoriales sino a todo
el sistema de ventas. Hora es ya de que nos pongamos las pilas, señores
editores, para encontrar soluciones —que las hay— en vez de mirar
permanentemente la cuenta de resultados propia dejando de lado una
perspectiva más amplia que abarca a los eslabones finales de la cadena de
ventas.
Nosotros, por nuestra parte, que buscamos la rentabilidad de nuestros
pequeños comercios —al igual que editores y distribuidores buscan los
suyos, insistimos— tendremos que adecuar los productos que vendemos a
su rentabilidad. Si los números no te dan para mantener un determinado
producto, no interesa ofertarlo. Tendremos que utilizar nuestro tiempo
en la búsqueda de productos rentables, no en estar trabajando en
devoluciones eternas de género recibido y no vendido.
En
otros canales de ventas del resto de la actividad comercial de la
sociedad, al último eslabón de ventas, el que está en contacto último con
el comprador, con el cliente, no es que lo vean como a un enemigo, sino
que lo llegan —permitan la expresión— a mimar, porque saben de la
importancia que tiene ese último “escalón” para llegar, para convencer,
para vender y para asegurar la distribución.
Por
eso la Asociación va a proponer la creación de una mesa de trabajo
para buscar entre todos —editores, distribuidores y quioscos— soluciones
que palien el descenso de ventas que padecemos y que mejoren el sistema
actual de gestión de la mercancía.
elkiosco.info
[jueves 31 de julio
de 2008]
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