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Todos somos
el futuro del quiosco

Ana Valle Moya
Con
toda probabilidad los quiosqueros, tanto de Valencia como del resto de
España, somos los mejores conocedores de la situación en la que se
encuentra el sector de la venta de prensa. Sin ser alarmistas, pero sin
caer en una falta de visión frente a la realidad, podemos concluir que la
actualidad del quiosco de prensa es muy delicada y, como consecuencia de
los avatares de los últimos años, el sector se encuentra muy “tocado”.
Cuando
hemos analizado dicha realidad ―tanto desde nuestra propia Asociación como
a través de los contactos con otras Asociaciones y compañeros del resto de
España―, en aras a buscar y encontrar medidas paliativas que frenen el
descenso de rentabilidad y que pudieran reconducir la cuenta de resultados
de nuestros negocios, dichos análisis siempre conducen a un mismo lugar:
son la suma de muchas, pequeñas y constantes situaciones anómalas.
En la
época que podríamos calificar ―y tengo la sensación de que me excedo― de
“época dorada del quioscos”, existían todo un conjunto de compensaciones y
refuerzos ―nosotros siempre los hemos llamado “campañas”― que venían a
paliar la magra rentabilidad diaria del negocio. Digo magra rentabilidad
del negocio y digo bien: ¿existe alguna otra actividad comercial que
requiera una mayor cantidad de horas? Estas compensaciones y refuerzos los
constituían los coleccionables, la “vuelta al cole”, la campaña de Navidad
y Reyes, la fiestas falleras... Todas estas “campañas” han ido, con el
paso de los años, diluyéndose debido a factores de muy diversa naturaleza,
de sobra conocidos y sobre los que ahora no me voy a extender.
Sea
cual fuere el estado actual de las cosas y llegados a este punto, hay algo
que es tan cierto como obvio: la situación actual es la que es y ya es
demasiado tarde para cambiar el pasado. De ahí, que debamos arrinconar la
nostalgia con el objeto de no perder en momento alguno el horizonte. La
situación es tal que estamos abocados a tratar de buscar medidas
recuperadoras que nos lleven a un futuro que no esté lastrado por la
incertidumbre que ahora atenaza al sector. Es muy cierto que, sobre
nuestras espaldas, acumulamos experiencias tan negativas como el
preocupante descenso de venta de prensa de pago ―a la que no es ajena la
proliferación de los llamados “gratuitos”―, la competencia de los “todo a
cien”, la legislación antitabaco y un largísimo etcétera. Mi percepción
personal sobre todo esto no es, desde luego, muy halagüeña, pero sí es
cierto que, frente a una situación al borde del límite, hay que sacar
fuerzas de flaqueza y encarar el reto acudiendo a cuantas posibilidades
realistas estén en nuestra mano para seguir adelante y, en la medida de
nuestras, posibilidades dar saltos cuantitativos.
El
pilar fundamental sobre el que debería ―debe― pivotar nuestro futuro pasa
por reconvertir la oferta comercial de los quioscos de prensa. Esto lo
hemos dicho ya en más de una ocasión, pero conviene insistir. Tenemos la
obligación de buscar nuevos y atractivos productos para nuestra clientela
habitual. Para ello contamos con dos armas privilegiadas: los quiosqueros
conformamos una gran red de puntos de venta y, al mismo tiempo, tenemos
una disponibilidad horaria que no posee la “competencia”. Bien está que
sigamos apostando por la prensa de pago ―al fin y al cabo somos lo que
somos: vendedores de prensa― pero con la prensa de pago ―a mi me gusta
llamarla “de calidad”― ya no basta.
En no
pocas ocasiones, por desgracia, echamos de menos otros eslabones de la
cadena de ventas. Nos gustaría que editores y distribuidores, tengan una
mayor implicación con el sector. Estar “en el mismo barco” no debe
convertirse en una frase hecha. Lo estamos y, en la medida que dejemos de
estarlo, los eslabones se debilitarán y quebrarán. Pedimos y queremos
editores y distribuidores que se cuente con los quiosqueros, de que no
estamos extramuros. Las soluciones existen. Lo único que nos queda es la
capacidad para encontrarlas. Los quiosqueros ―lo saben perfectamente
editores y distribuidores― no sólo no hemos hecho nunca ascos al diálogo,
sino que siempre hemos estado “en positivo”. De ahí que, desde esta
posición, nos atrevamos a pedir ―e incluso exigir, por qué no― que tengan
la valentía de sentirse “del mismo barco” y, en consecuencia, hacer una
apuesta de futuro en pro de la cadena de ventas. Una apuesta que no debe
confundirse con el altruismo. La buena marcha de los puntos de venta será,
en el fondo y en la superficie, la buena marcha de editores y
distribuidores.
Otros
sectores comerciales, de la más diversa índole, han buscado y encontrado
soluciones. A través de éstas han logrado su transformación o
reconversión. Los vendedores de prensa estamos obligados a hacer un
esfuerzo en la misma dirección y sentido.
Pero
este esfuerzo no quita para que también echemos en falta un mayor apoyo
por parte de las administraciones públicas ―en su papel de cuidar del
pequeño comercio― de cara a potenciar y alentar a las distintas
asociaciones comerciales y gremiales. Creemos que deberían existir mayores
facilidades para que los distintos colectivos de pequeños comerciantes
(como nosotros, los quiosqueros) tuviéramos más aliento en las necesidades
asociativas. La soledad del pequeño comerciante es comparable a la de sus
asociaciones. La búsqueda y la consecución de fórmulas que ayuden a
modernizar nuestro sector pasan necesariamente por el apoyo a las
asociaciones.
Nadie,
por otro lado, podrá decir que el sector no tiene cauces representativos.
No hay excusas en tal sentido: los tiene. La Asociación de Vendedores de
Prensa de Valencia y Provincia, que tengo el honor de presidir, posee la
estructura necesaria para canalizar las aspiraciones y ganas de salir
adelante del sector, así como la capacidad para negociar y llegar a
acuerdos.
Sabemos que es difícil asumir el reto de esta transformación, pero que
merece la pena poner lo mejor de nosotros mismos en conseguirlo. Tenemos
ganas e ilusión y le pedimos a los editores y a la administración apoyo y
colaboración.
Ana Valle Moya
[Presidenta]
[miércoles 28 de marzo
de 2007]
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