Rosa Regás, directora de la Biblioteca Nacional, ha declarado recientemente a «Tribuna de la Administración Pública», boletín editado por la Federación Sindical de Administración Pública de Comisiones Obreras (CC.OO.), que celebra que en España se vendan cada vez menos periódicos.
En concreto la sra. Regás afirma: «Los grandes logros sociales de este Gobierno se venden mal porque la prensa no es del Gobierno. Todos van a favor de la oposición. Afortunadamente, cada vez se venden menos periódicos». Frase, ésta última, que no puede ser más desgraciada.
La Asociación Profesional de Vendedores de Prensa de Valencia y Provincia (APVPVP), tal y como indica su primer apellido —“profesional”— ni tiene ni puede tener vocación política concreta. Dicho de otra manera: en la APVPVP caben todos los matices políticos, tantos como afiliados tiene. Nosotros, los quiosqueros, defendemos la venta de prensa, independientemente de la ideología que informe a los editores.
Y la defendemos por dos motivos fundamentales.
En primer lugar, porque nos gusta la democracia y, en consecuencia, consideramos que la libertad de expresión es fundamento de cualquier sociedad moderna, desarrollada y libre de tics totalitarios. Esta es una cuestión que está, incluso, por encima de nuestra profesión.
En segundo lugar, y no menos importante, porque la venta de prensa supone, lisa y llanamente, el pan de nuestras familias.
Nosotros no entramos en las razones últimas por las que las sra. Regás disfruta con la caída de la venta de prensa. Para eso existen otros foros y otras personas que ejercen la crítica desde una óptica sensiblemente distinta a como lo hace elkiosco.info. A los quiosqueros lo que nos molesta, lo que nos inquieta, lo que nos crispa es que siempre hay alguien que dirige su malestar —consciente o inconscientemente, eso es lo de menos— hacia la actividad profesional de terceros y, en este caso concreto, hacia nosotros, los profesionales del punto de venta.
Imagínese la sra. Regás que algún dirigente de nuestra Asociación o de la federación nacional a la que pertenece nuestro colectivo dijera, en cualquier altavoz público, que unía su voz a la de los futuristas italianos de principios del siglo XX que, capitaneados por el extravagante poeta Marinetti, pretendían, nada más y nada menos, incendiar las bibliotecas y, por su puesto, la biblioteca de la que es digna directora y orgullo de este país… ¡Ya nos gustaría, ya, oír entonces a la sra. Regás!