Un nuevo desembarco de un «gratuito» se acaba de producir. Nos referimos a «El Penalty», un diario que, de lunes a viernes, invadirá Madrid con la friolera de 250.000 ejemplares y la ciudad condal, con 150.000, a la espera, obviamente, de aterrizar en otras plazas como Valencia. Con ello se ha convertido no sólo en el mayor «gratuito» deportivo, sino en el «gratuito» de mayor tirada.
Aunque la Oficina de Justificación de la Difusión (OJD) publicará a partir del próximo mes de septiembre la tirada mensual de los periódicos gratuitos y, en consecuencia, podamos saber con toda precisión el alcance del fenómeno. Sin embargo, ya sabemos que si en España se vendieron el año pasado (2005) una media de 3.162.883ejemplares diarios de información general, a lo que hay que añadir los 105.000ejemplares de prensa económica y los 773.378de los diarios deportivos, los «cuatro grandes gratuitos» ya han superado este mes de junio los 3,1 millones de ejemplares repartidos.
Otro dato que conviene tener en cuenta y que convierte en prácticamente letales a los «gratuitos» es que el coste de producción por cada mil ejemplares es de 40 euros para un diario de pago, cifra que se reduce sensiblemente a los 25 euros en el caso de los «gratuitos».
El camelo de que los «gratuitos» ayudan a crear lectores de diarios de pago no se tiene en pie y esta realidad conviene subrayarla para que nadie se llame a engaño. La prensa española y mundial vive unos momentos de clara recesión en los países desarrollados, tal y como ha puesto de manifiesto un estudio de Zenith Optimedia para la Asociación Mundial de Diarios. Así, en la capital de España, ha habido un bajón considerable de la prensa de pago, fenómeno que también se ha producido en Barcelona. Y esto es así, entre otras cosas, porque los lectores de uno y otro tipo de diarios no son distintos.
Pero hay algo más grave y que como profesionales de la venta de prensa en nuestros establecimientos no deja de preocuparnos: la presencia de editores de prensa de pago en este tipo de proyectos y como ejemplo muy cercano lo tenemos en «El Micalet», editado por el rotativo LAS PROVINCIAS. Los editores que han apostado por los «gratuitos», ¿son conscientes de que están tirando piedras a su propio tejado? O, por el contrario, ¿consideran que la voraz necesidad de negocio ?captar publicidad? vale cualquier sacrificio en contra de la calidad de la información?
No está de más recordar, por último, a los ayuntamientos la necesidad de aplicar con rigor las ordenanzas que limitan la presencia de los «gratuitos» en determinadas zonas. Estas ordenanzas, pese a su rigurosidad ?tal y como sucede, por ejemplo, en Madrid o Valencia? son sistemáticamente incumplidas debido a la dispersión de su entrega en mano, entrega en mano que, como está sucediendo en Valencia, llega a producirse, no ya dentro de las instalaciones del suburbano, sino dentro de los propios vagones en marcha.