Salvo desmesura de última hora, ya tenemos en los quioscos valencianos ?y suponemos que también en los de los compareños del resto de España? el que con toda probabilidad puede convertirse en el cartón más grande de toda la temporada, nuestro particular “Rey del Cartonaje”.
Este pasado domingo, día 20 de agosto, se distribuyó el número promocional de Ediciones Altaya “Barón Rojo Radiocontrol”, que tiene una superficie nada más y nada menos que de 0,63 metros cuadrados.
Por propia experiencia, estamos convencidos que nueve de cada diez compradores de esta promoción pedirán al quiosquero que le quite el cartón porque, con un poco de viento, el parroquiano puede salir volando por la calle. El susodicho cartón tiene unas medidas a todas luces descomunales: 0,92 x 0,69 mts., lo que lo convierte en una auténtica vela ?¿será un homenaje de Altaya a la Copa América?? y con toda seguridad taparía de los rayos del sol a Liliput caso de situarlo encima del fabuloso país. Un monstruo, créanos, del que la mitad del espacio está dedicado a publicitar el material emblistado.
Pero no todo es ópera bufa y cualquier crítica que podamos hacer a dicha generosidad de celulosa es peccatta minutta ante lo que consideramos una auténtica patada en la espinilla ?por no referirnos a otros lugares de la anatomía humana? del quiosquero, la traición sin paliativos al punto de venta que supone que en los primeros números de los coleccionables se anime a los posibles coleccionistas a suscribirse directamente con la editorial.
Dicho con otras palabras: el megacartonaje que los puntos de venta distribuyen, sirve en realidad de banderín de enganche, un banderín de enganche en cuya filosofía, obviamente, no entra para nada ese “mal necesario” en el que se convierte el quiosquero, de tal manera que el quiosco sirve a las mil maravillas de red de promoción, pero no para la ulterior comercialización. ¿Cómo definir esta práctica? A la redacción de elkiosco.info se le ocurren varios calificativos, pero como quiera que esta página bien pudiera ser consultada por menores, mejor nos abstenemos.
Cuando dentro de unos días este sunami de cartón acabe, volveremos a tratar, largo y tendido, sobre esa otra espinosa cuestión del puenteo. Y lo vamos a hacer seriamente y sin pelos en la lengua.





