El libro de lance o de ocasión —no hablamos del libro antiguo, de anticuario, que tiene una clientela con un perfil muy definido— siempre tuvo incondicionales y, concretamente en Valencia, no pocos eran los negocios que se dedicaban al libro de segunda mano o de resto de edición.
Durante la década de los setenta hubo unos “años dorados” que, sin duda, se debieron a unos tiempos de cambio político que espolearon el deseo de los españoles de conocer sobre determinadas disciplinas que habían sido marginadas. Estos “años dorados”, sin embargo, finalizaron con ese interregno político que conocemos como “transición democrática”, y bien podríamos decir que al libro de lance o de ocasión también le llegó el momento del “desencanto”.
Las décadas ochenta y noventa fueron letales para este tipo de librerías especializadas y, así, en Valencia pudimos ver —con no poco malestar— cómo su número se restringía de manera alarmante. Algo parecido sucedía en el resto del país, aunque en Barcelona y Madrid, pese a la crisis, se aguantó con mayor pericia el revés. Afortunadamente, la resurrección del sector vendría de la mano de lo último en tecnología de la comunicación: internet.
Gracias a internet el libro de lance pudo salir del gueto y no sólo salir, sino encontrar en la red de redes el aliado perfecto para recuperarse y, de ahí, “pasar a la ofensiva”. Internet ha permitido algo muy importante: antes de su irrupción, el libro “encontraba” al lector; en la actualidad es el lector quien, aún con escasísimas nociones de informática, puede “encontrar” ese libro que andaba buscando desde hace años. Lo que se ha perdido de “romanticismo”, se ha ganado con creces en eficacia y, para ello, baste un dato a todas luces espectacular: sólo en 2005, y con respecto a 2004, se produjo en España un incremento del 75% de venta de este tipo de libros, según Iberlibro, cadena asociada a la multinacional Abebooks.
En mayo pasado Iberlibro publicó Hábitos de Compra por Internet de Libros Antiguos y de Ocasión 2005, libro en el que se recogen interesantes datos sobre los “consumidores” de libros, procedentes de una encuesta realizada en septiembre del pasado año.
De esta encuesta se deduce que el comprador medio supera los 40 años de edad, tiene un nivel de estudios elevado, sus disciplinas favoritas son la Literatura y la Historia, y la relación entre hombres/mujeres está sobre unos porcentajes que rondan el 71%/29%, relación que en otros países, como Francia y Alemania, está totalmente equilibrada.
El gasto mensual en libros se divide en esta encuesta en tres categorías: “bibliófilo” (máximo escalón), “coleccionista experimentado” (escalón medio), y “lector adicto” (escalón inferior).
El 23,2% de “bibliófilos” gasta menos de 20 euros al mes; el 43,3% gasta entre 20 y 50 euros; y el 33,5% gasta más de 50 euros.
El 11,1% de “coleccionistas experimentados” gasta mensualmente menos de 20 euros; el 38,1% gasta entre 20 y 50 euros; y el 58,8% gasta más de 50 euros.
El porcentaje de “lectores adictos” que gasta menos de 20 euros es del 20,7%; el 51,9% gasta entre 20 y 50 euros; y el 27,5% gasta más de 50 euros mensuales.
Cifras de las que se desprende la gran aceptación de internet, no tanto por parte de la categoría de los “bibliófilos”, sino de los “coleccionistas experimentados” y los “lectores adictos” por adquirir los libros a través de la red de redes, destacando la fiabilidad de los vendedores profesionales, la atención al cliente, la facilidad de búsqueda y el precio del servicio. Dicho de otro modo: el 59% de los amantes de este tipo de libros utilizan con asiduidad la red de redes para hacer sus compras. Para los responsables de la encuesta “…la utilización de Internet como canal de compra aumenta significativamente entre los compradores frecuentes de libros antiguos. Esto se puede explicar en parte por el tipo de libro buscado (el libro antiguo, raro y agotado), donde Internet aporta mucha más variedad y abre más posibilidades de consulta de catálogos con tan sólo un clic”.
Todo lo dicho corrobora algo que ya sabíamos, pero que conviene poner de manifiesto para evitar ciertas fobias injustificadas. Internet devorará la galaxia Gutenberg si a los popes de la galaxia Gutenberg se les seca la imaginación. En el caso de los libros antiguos, de lance o de ocasión, internet no sólo no ha supuesto la puntilla para el sector sino, por el contrario, un aliado salvífico.





