En los últimos días, tanto en prensa escrita como en internet, muchos artículos de opinión se han adentrado en lo que constituye el presente y el futuro de los libros y la prensa en formato digital. Nos referimos a esos aparatos o dispositivos que permiten comprar en formato electrónico tanto libros como –suponemos que en el futuro- periódicos y revistas.

Parece ser –dicen- que el futuro ya está aquí. Hablan que la guerra contra el libro y la prensa digital está perdida (¿pérdida para quién?). En definitiva, de lo que se está discutiendo es sobre si esos artilugios que son capaces de recibir y almacenar información de libros y de periódicos sustituirán en el futuro al formato de papel que conocemos hoy en día. Unos dicen que la tecnología avanza imparable y sustituirá a los libros y los periódicos tradicionales; otros piensan que convivirán todos los formatos; otros piensan que el papel siempre será el papel. En fin, que hay opiniones y predicciones para todos los gustos.

Nosotros pensamos que la evolución a la recepción de información periodística a formato digital no va a ir indisolublemente unida a la trayectoria que lleve la producción de los libros digitales. Dicho de otra manera, el libro y el periódico digital no avanzarán paralelamente sino que surcarán caminos distintos en el tiempo y en su implantación.

En una reciente conferencia sobre los medios de comunicación, Pedro J. Ramírez, director del EL MUNDO, argumentaba que “sin periódicos no habrá periodismo”. Coincidimos. Los vendedores de prensa hemos mantenido que el periodismo de calidad –la prensa de pago- es un elemento consustancial al sistema democrático de nuestra sociedad. Sin dejar de reconocer –claro está- que constituye un elemento importantísimo de nuestra actividad comercial, no lo es menos que también representa uno de los pilares fundamentales de la información que le llega al ciudadano.

Pero el formato –papel- también es un elemento definitorio de esa relación entre los creadores-emisores de opinión-información y sus destinatarios, que no son otros que el conjunto de ciudadanos y lectores. Las transformaciones del medio, del canal, podrán solaparse y sumarse a las ya existentes, pero no creemos –por lo menos a corto y medio plazo- que estos nacimientos comunicacionales puedan sustituir concepciones y hábitos que están integrados plenamente en las formas actuales de recibir la información.

Todavía estamos muy lejos –a años luz- de la escena en la que el parroquiano de turno le pida el periódico digital al dueño del bar y éste le conteste que está estropeado porque alguien le ha derramado encima un café o porque le faltan pilas o porque se lo han robado. Los periódicos en formato papel –seamos realistas- proporcionan hoy en día una relación calidad-información-soporte que no es fácilmente sustituible.

Parafraseando al director de EL MUNDO, también deberíamos coincidir que si, tal y como argumenta, “sin periódicos no habrá periodismo”, SIN QUIOSCOS NO HABRÁ PERIÓDICOS.