

Es difícil ser autónomo en España. Nuestro país se encuentra entre los países europeos con mayor carga fiscal y regulatoria para el colectivo.
Informes sitúan a España entre los peores países de Europa para autónomos debido a su marco regulatorio, una presión fiscal elevada y la alta cotización a la Seguridad Social. Es el tercer país que más recauda por cotizaciones.
España en uno de los países donde más cuesta “arrancar” un negocio, incluso con los incentivos iniciales (cuota reducida o tarifa plana).
La situación de los autónomos en España es cada vez más complicada, muchos negocios no pueden asumir los costes cada vez mas elevados. Este problema afecta sobre todo a los autónomos con ingresos medios y bajos.
Durante el año pasado, más de 13.500 comercios cerraron, lo que equivale a unos 1.100 negocios al mes. La peor parte se la está llevando el pequeño comercio, como la “tienda del barrio, la panadería, la mercería“.
Otro de los grandes problemas para los autónomos es la dificultad para contratar personal, actualmente hay menos empleo generado por os autónomos y menos autónomos empleadores, tal y como ha indicado la Asociación de Trabajadores Autónomos (ATA).
Los autónomos suponen un porcentaje cada vez menor del mercado laboral, representando apenas el 16 % del total de los trabajadores, una cifra nunca antes tan baja.
Muchas son las desventajas de ser autónomo en nuestro país
- Mayor dedicación. Es cierto que puedes dedicarle el tiempo que quieras, pero por regla general va a requerir de muchas más horas de esfuerzo que un trabajo por cuenta ajena. …
- Incertidumbre. …
- Impuestos y otras tasas. …
- Dificultades para conseguir financiación. …
- Problemas de administración.
- Un coste fijo mensual, independientemente de si facturas o no, debes pagar la cuota de la Seguridad Social. En 2026, tras las últimas negociaciones, la cuota mínima se sitúa en torno a los 200€ para los tramos más bajos, pero escala rápidamente hasta los 590€ mensuales si tus ingresos netos son elevados.
- También el autónomo ejerce de gestor de impuestos actuando como recaudador para Hacienda, presentando trimestralmente el IVA y pagos a cuenta del IRPF. Esto genera una carga administrativa constante y el riesgo de sanciones si cometes errores en los modelos.
Además de todo esto, el autónomo sufre una falta de derechos laborales estándar como por ejemplo el “derecho a vacaciones pagadas”, si dejas de trabajar, dejas de ingresar. No hay un sueldo garantizado a final de cada mes, generando, como hemos dio anteriormente, una incertidumbre financiera, así como dificultades para obtener financiación bancaria, incluso para la compra de una vivienda.
En el resto de Europa predomina el principio de contribución proporcional. Los trabajadores por cuenta propia pagan en función de lo que ingresan o del nivel de cobertura sanitaria y social que eligen. Esta libertad ofrece cierta flexibilidad, especialmente a los profesionales con ingresos bajos o variables, pero también reduce el alcance de las prestaciones públicas.
En Francia, Alemania o Portugal, los autónomos gestionan parte de sus seguros (médico, pensiones, incapacidad) con entidades privadas. Esto aligera la carga mensual, pero implica asumir más riesgos personales o contratar pólizas complementarias. Es decir, la factura final puede ser más baja o más alta, dependiendo del grado de protección deseado.
España podría avanzar más en simplificar los trámites fiscales, reducir las cargas administrativas y flexibilizar las obligaciones durante los primeros años de actividad. En países como Alemania o el Reino Unido, la gestión es más ágil, y el pago de impuestos se ajusta al cobro efectivo de facturas, no a la emisión.
La tendencia europea apunta hacia un equilibrio: protección social sólida, pero adaptable. Si España logra combinar su amplio sistema de cobertura con una cotización realmente progresiva, el emprendimiento dejará de ser un lujo y se convertirá en una opción viable para más profesionales.





