Mucho se está hablando últimamente en distintos medios de comunicación sobre el papel que tendrá la prensa en el futuro, tal y como la conocemos y la concebimos hoy en día. Muchas son las opiniones, muchos los augurios –habitualmente dispares– pero todos coinciden en que nadie sabe exactamente qué va a ocurrir.
Estamos en un momento decisivo puesto que la crisis económica y la revolución de internet están marcando un punto de inflexión esencial para imaginar el futuro que le depara al periodismo escrito y a la venta de prensa. Muchos analistas toman datos y referencias de lo que hoy en día está ocurriendo en Estados Unidos –la prensa escrita ha perdido 13 millones de ejemplares en EE UU, y la digital ha pasado de cero a 75 millones de lectores– sobre todo por aquello de que lo que acontece en la sede del gigante americano tarde o temprano se materializa en el resto de países occidentales. Es una táctica premonitoria que no suele fallar.
Sin ir mas lejos, y en el sentido de apoyar al concepto actual de prensa, Antonio Fernández-Galiano, presidente de AEDE –asociación de Editores de Diarios Españoles– remarcaba en una reciente entrevista publicada por EL MUNDO que “la prensa en papel siempre vivirá, porque tiene atributos únicos e insustituibles”. Y afirmaba que entre los últimos retos está el de “la informatización de la red de venta en los quioscos”, mostrando su extrañeza por lo “incomprensible que los editores no tengamos información diaria de los puntos de venta con una fiabilidad máxima”. Ante una posible desaparición de los diarios durante el presente siglo XXI, Fernández-Galiano opina que “todavía tienen un recorrido espectacular, entre otras cosas porque la revolución tecnológica aún no lo ha alcanzado del todo. Se sigue casi el mismo proceso que hace 100 años en su impresión, distribución y venta.”
Sin embargo, otros analistas constatan que nunca ha habido una mejor época para hacer periodismo escrito, y nunca ha habido una peor para ganarse la vida ejerciéndolo; hay más mercado que nunca, pero menos ingresos. Lógicamente, todo ello se traduce en bajada de ventas.
En cualquier caso, unos y otros habrán de convenir que el presente y el futuro de la prensa escrita pasa por su distribución. Al final de todo el proceso siempre habrá alguien que entregue el periódico al lector y que le informe mínimamente sobre tal o cual particularidad del mismo. Ese último eslabón, el vendedor de prensa, es sobre el que nadie presta ninguna atención y es, con toda seguridad, tan importante como el resto de eslabones de la cadena de ventas. Claro que mientras que la inmensa mayoría de editores de periódicos están pensando en las ayudas y subvenciones gubernamentales como medida para salir adelante en sus empresas, nosotros estamos pensando en cómo vender más buscando fórmulas alternativas y solucionar la situación crítica que nos aboca al cierre.





