Así como otros meses del año y otras épocas festivas son más alentadoras para la rentabilidad del quiosco de prensa, los meses estivales (y más concretamente el mes de agosto) son fechas poco gratificantes para la “caja” del punto de venta.
Bien, este argumento, que parece un axioma incuestionable, en el fondo está lleno de excepciones que cuestionan la regla. Y cuando las excepciones son tantas, la regla deja de ser tal norma. ¿Por qué decimos esto? Veamos. Por una parte, los quioscos que realmente hacen “su agosto” son los que precisamente están cerca de la playa y en poblaciones turísticas, puntos sobre los que la afluencia de público experimenta un notable aumento. Para estos casos, si el invierno ha sido desértico en clientes, el verano se convierte en la tabla de salvación de su economía. Por otra parte, los quioscos más urbanos y más alejados del ajetreo veraniego —que deciden, por una u otras causas, no cerrar—, se convierten en el punto natural de atracción de los lectores de periódicos clientes habituales de otros puntos de venta colindantes. En verano, el cliente-lector-fiel-de-periódicos anda mucho más en la búsqueda de su diario.
Sin embargo, y tras la reflexión anterior, también es cierto, —teniendo en cuenta las informaciones que manejamos en la APVPVP sobre la ciudad de Valencia—, que durante el mes de agosto se cierran por vacaciones entre un 60 y un 70% de los quioscos de prensa. A su vez, un altísimo porcentaje de los que permanecen abiertos, cierran por las tardes. Es lógico que tras las incontables horas que durante el resto del año nuestros puntos de venta están al pie del cañón, busquemos más horas para el descanso y al relax en estos días donde el calor aprieta.
Y así, el que puede cerrar cierra y el que no puede cerrar —por tener trabajadores con turnos, por la zona de venta, por que su economía no se lo permite, o por cualquier otra causa— no cierra, pero en cualquier caso todo el mundo tiene puesta la vista en la inminente arribada de la frenética actividad del mes de septiembre, en el que llegarán los clientes habituales —y habitual será preguntar dónde han pasado las vacaciones—, irrumpirán los coleccionables —con innovaciones, muchas de ellas sorprendentes— y volverá, cómo no, la habitual “marcheta” de todos los días.
Por cierto, y hablando de coleccionables, en los próximos artículos informaremos detalladamente sobre ellos. La última semana de agosto será cuando la avalancha de esta “plaga” que invade las estanterías —¡y los suelos!— de los quioscos haga acto de presencia. Dictaminaremos, aplaudiendo o criticando, sobre los mejores y a los más molestos. ¿Qué colección se llevará este año el “premio” al cartón más voluminoso?





