A 31 de diciembre pasado, 2.003.991 eran los autónomos que figuraban en el RETA como personas físicas, es decir, los dados de alta con su D.N.I.

De los 213.203 empleos que se perdieron durante el 2020, uno de cada cinco (69.957) eran empleados de un autónomo “persona física”. Además, hay unos 300.000 autónomos que prevén cerrar a lo largo de este año, con la consiguiente baja en el RETA, así como el despido de los trabajadores que estén a su cargo.

En más de 70.000 millones de euros estiman su pérdida los autónomos desde que comenzó la pandemia. Al menos un millón de ellos estiman que sus pérdidas han sido hasta ahora superiores a 30.000 euros y que, por supuesto, aumentarán porque actualmente dos de cada tres negocios tienen alguna restricción a la hora de ejercer su actividad, sobre todo en lo que respecta al comercio y la hostelería (restricciones de aforos, restricciones horarias e incluso el cierre total en la gran mayoría de las comunidades autónomas).

Ante este panorama tan alentador, el gobierno se ha visto prácticamente obligado a modificar sus planes con respecto al aumento de la subida de las cotizaciones para este año.  En un primer momento esta subida se aplazó hasta el próximo mes de junio, pero finalmente se extenderá a todo este año, condicionando la subida contemplada en la Ley de Presupuestos Generales del Estado a la espera del acuerdo que revise al alza el Salario Mínimo Interprofesional (SMI), un tema que también preocupa y mucho a los autónomos que tienen empleados a su cargo.

De esta manera, salvo la mejora en el SMI, los autónomos seguiremos pagando un 30,3% de cotizaciones (no se incluyen las subidas de las contingencias profesionales y de cese de actividad), es decir los que coticen por la base mínima pagarán 286,15 euros al mes y los que lo hagan por a base máxima, pagarán 1.233,2 euros mensuales.

Si por el contrario se subiera finalmente la cuota,  pagaremos 288,9 euros mensuales los cotizantes por la base mínima y 1.245,45 euros mensuales los que lo hagan por la base máxima.