Cuenta la historia que fueron los chinos quienes primero dieron con el papel. Allá por el II después del nacimiento de Cristo, pero que no fue hasta el siglo X cuando penetró en España e Italia. Desde entonces hasta ahora, múltiples variantes se han producido en el proceso de su elaboración e innumerables son las modalidades y aplicaciones que ha tenido a lo largo de todos estos años.

El papel-prensa, una materia de baja calidad si lo comparamos, por jemplo, con el “couché” de las revistas, ha dado, sin embargo, mucho de sí y hasta sigue siendo, aún, vehículo de información a pesar de los serios adversarios que le han salido al paso, especialmente internet.
Andrew Steckl

Hasta hace unas demanas su futuro no era muy halagüeño y no pocos gurús incluso habían calculado incluso el año de las exequias del papel-prensa.

Todo parecía muy claro hasta que, durante las últimas semanas, ha empezado a rodar por la red de redes el nombre del norteamericano Andrew Steckl, un ingeniero del Departamento de Ingeniería Electrónica de la Universidad de Cincinnati, en Ohio [Estados Unidos], cuyo nombre es bastante probable que los quiosqueros tengamos algún día que recordar con una sorisa en los labios.

¿En que consiste en invento de Andrew Steckl?

Si no fuera porque ya estamos acostumbrados a los últimos inventos que nos depara la informática en sus diferentes variantes, diríamos que se trata de algo mágico. Sin embargo, en la propuesta del “papel digital” no hay sortilegio alguno. Básicamente, el proyecto que está llevando adelante Andrew Steckl consiste en convertir pantallas ultrafinas hasta convertirlas en elementos que simulan el papel y trabajan como un ordenador en términos de almacenamiento de información, ya estemos hablando de tipografía o de imágenes.

La ventanja de este “papel digital” sobre el papel-prensa impreso es más que evidente: hablamos de una información no estática, sino “viva”, como pueda serlo la pantalla de cualquiera de nuestros ordenadores.

Pero hay otros aspectos que lo convierten al “papel digital” en un avance indudable. Ahorra papel derivado de la celulosa, su impacto mediambiental es infinitamente menor que el del papel convencional a pesar de estar fabricado para un solo uso (igual que el papel-prensa) y el coste de su producción sería, además, mucho más bajo.

Dos ventajas más añadimos por nuestra cuenta: parece lógico pensar que el “papel digital” vendría a sustitur al papel-prensa, lo que de alguna manera es una excelente noticia para los puntos de venta, el lugar obvio de distribución y, de rebote, estos periódicos de “papel digital” podrían ser un freno a toda esa información que, de unos años para acá, los editores pretenden derivar hacia internet.

No, no es aún 28 de diciembre y, por supuesto, a la espera estamos de recibir más información de una noticia a la que, por razones obvias, vamos a seguir la pista. .