El pasado fin de semana —el sábado, para más señas—, el periódico LA RAZÓN ofertó un decodificador mini para poder ver la TDT, sistema que como todos sabemos su implantación definitiva está a la vuelta de la esquina.
Esta genial idea, aparte de ser útil, muy útil, pone de manera masiva al alcance de cualquier persona la posibilidad de transformar la su televisión analógica en digital, sin grandes cambios y esfuerzos, de una manera económica y sencilla.
Lo venimos a decir, por la expectación que ha despertado en todos los consumidores, logrando un éxito de ventas y de aceptación, haciendo que los puntos de venta revivan tiempos pasados.
Muchos pensarán que es una promoción más, de las muchas que abundan entre rotativos y revistas que pueblan las estanterías de nuestros quioscos. Creemos que no, que se trata de una promoción muy planificada por los responsables de LA RAZÓN.
Una promoción que se anuncia a bombo y platillo una semana antes —ello implica un éxito en publicidad—, que el día de salida es un éxito de ventas del periódico y que a los dos días, —¡ojo, a los 2 días!— se reacciona y, como consecuencia del éxito y de las perspectivas de la promoción, triplican la tirada es algo que no podemos dejar de calificar de estratégicamente perfecto, porque no hay escasez en ningún punto de venta. Y, como colofón, prevén sacar más cupones de los que son necesarios por si hay pérdidas o despistes.
Y por si hay alguna duda de la apuesta firme y decidida que LA RAZÓN demuestra por la promoción, el pasado martes, día 12 de septiembre, vuelven a incluir la cartilla con el periódico, para evitar incomodidades, entre ellas la de pedir al distribuidor —con el retraso que ello implica— una simple cartilla.
LA RAZÓN vuelve a dar en el blanco tal y como hizo en las últimas promociones que ha llevado a cabo.
Mientras tanto, otros nos llevan de cabeza, como es el caso de EL PAÍS, que lleva dos semanas que no se entera de la película, dando tumbos, haciendo y deshaciendo servicios —un día sí y otro también—, generando un brutal servicio de atrasados y colapsando a la distribuidora —que, dicho sea de paso, lleva todas las promociones de todos los periódicos que tiene el quiosco— y, en general, generando el desánimo entre los consumidores, lo que por regla general provoca el abandono de la promoción.
Grandes grupos —léase PRISA—, mega-fusiones, grandes cifras de lectores, que si digital por aquí, que si digital por allá… pero para dar respuesta rápida y eficaz ante un éxito, el mejor ejemplo lo tenemos en LA RAZÓN…





