Es domingo. Y llueve, aunque con suavidad. Y hace frío, además. Pero todo eso carece de la más mínima importancia, porque teníamos con José Miguel Sánchez, tesorero de la Asociación Profesional de Vendedores de Prensa de Valencia y Provincia (APVPVP) e historia viva de este colectivo, una cita ineludible que los elementos no podían ni debían evitar.
—Sobre las diez, más o menos, tendré un claro… Más tarde será imposible —nos dijo unos días antes, por teléfono.
A José Miguel no se le puede fallar y, como no podía ser de otra manera, clavamos el reloj. Nos estaba esperando. En el ambiente se percibía que la mañana iba a ser movida. Tiene igual. Todo está en su sitio. En el quiosco Kathedral no hay nada al alcance de la improvisación ni circunstancia que no haya sido calculada de antemano. Estamos frente a un profesional como la copa de un pino, alguien que transpira su profesión y en el que cada gesto y cada palabra llevan implícitos el sello de la eficacia.
—José Miguel, tu has sido —y eres— el rostro y la voz de la Asociación Profesional de Vendedores de Prensa de Valencia y Provincia. ¿Cómo has vivido hasta aquí esa tarea tan importante?
—Está claro que en toda organización tiene que existir un contacto con el exterior, una imagen visual y hablada, que exprese el trabajo y las gestiones que la misma realiza, y en la nuestra se decidió que fuera yo. He huido siempre de cualquier personalismo. Soy miembro de una Junta, una Junta que es, por razones estatutarias, solidaria. Por lo tanto, mientras otros compañeros realizan otras labores internas, a mí me ha tocado la que más destaca: ser el rostro y la voz de una Junta.
Desde luego, no es fácil estar ahí, atendiendo a los medios. Eso de que los medios de comunicación devoran es muy cierto. He colaborado con EL KIOSCO de papel desde sus primeros números. He estado en la radio donde, por vez primera, compañeros nuestros tuvieron la oportunidad de plantear sus preocupaciones en vivo y en directo. También ha sido destacable la presencia de la Asociación por primera vez en una cadena de televisión local, el Canal 13 de televisión. En todos ellos ha habido análisis rigurosos y capacidad de respuesta a problemas reales. En Canal 13, sin ir más lejos, tanto Valdisme, como el diario LEVANTE-EMV, como representantes de repartidores de prensa y revistas estuvieron allí, debatiendo los temas, señal de que les preocupa la posición de la Asociación.
—Desde tu punto de vista, privilegiado por otra parte, ¿cuál sería la valoración de esta presencia mediática?
—Quizá no sea yo la persona más indicada para responder a esta pregunta, pero me voy a arriesgar. Pienso que ha sido positiva. Me atrevería a decir, incluso, que muy positiva… La presencia en los medios ha contribuido a hacer más visible la presencia de la Asociación. Se nos valora más, se nos tiene en cuenta más que hace unos años, en los que la Asociación apenas si era conocida más allá de nuestro ámbito. Por otra parte, los propios asociados han despertado, y replicaban o aplaudían sobre lo que se debatía en dichos medios.
—¿Cuáles son, a tu juicio, los problemas que aquejan al sector de la venta de prensa?
—Los quiosqueros somos un colectivo asediado y cuando digo asediado no estoy exagerando lo más mínimo. Habla con cualquier otro profesional…
—Estamos en ello…
—…y, con toda probabilidad, el calificativo será aún más duro. Para resumirlo en una frase podríamos decir que, año a año, los ingresos se recortan y el trabajo se incrementa. Podemos a veces dar la impresión de que no somos buenos profesionales ante una clientela cada vez más exigente. Yo, sin embargo, pienso que en el sector la media de profesionalidad es excelente, lo que ocurre es que en esta guerra hay demasiados frentes que cubrir y, la verdad sea dicha, necesitaríamos días con 48 horas…
—Uno de los problemas que os afectan directamente es el de la distribución…
—Sí, sí, por supuesto. Queda mucho por hacer en este ámbito. Los distribuidores nos reprochan al sector que no nos hemos modernizado y, sin embargo, la realidad es que está sucediendo justo todo lo contrario. El sector de la venta de prensa está haciendo un gran esfuerzo por ponerse al día, de tal manera que estoy en condiciones de afirmar que en toda esta situación ha habido un cambio radical de escenario. Los quiosqueros sí tenemos el instrumento adecuado y son las distribuidoras las que, por el contrario, se han quedado rezagadas o se están queriendo quedar rezagadas… les interesa. Hoy en día hay puntos de venta capaces de gestionar mejor la mercancía que algunas distribuidoras, y apuesto lo que sea…
—Supongo que te refieres a la informatización de los puntos de venta…
—En efecto, la informatización, fundamentalmente a través del programa “Kios.net”, está siendo el gran salto adelante que los quiosqueros estamos dando para no quedarnos atrás. Tanto es así que incluso, para remachar lo que antes te decía, y si exceptuamos a Disvesa, del grupo Logista, estamos por delante del resto de distribuidoras. Creo que, con esa herramienta excepcional que es “Kios.net”, la pelota está ahora en el tejado de las distribuidoras.
—José Miguel, ¿puede gestionarse un quiosco sin el apoyo de la informática?
—Si alguien quiere acabar la jornada laboral con la cabeza hirviendo y al borde del infarto, efectivamente puede rechazar las nuevas tecnologías. Pero si el profesional quiere ahorrarse tiempo y dinero —mucho tiempo y mucho dinero—, no tiene más remedio que echar mano del ordenador. Los profesionales tenemos que mentalizarnos que gestión de quioscos e informatización son conceptos que corren parejos y van a correr parejos en el futuro. Para mí es absolutamente irracional y contraproducente no gestionar un quiosco sin un auxiliar tan poderoso.
—Me has dicho que el sector es un sector acosado. Háblame de esos otros acosos…
—Podríamos estar horas y horas —horas que desgraciadamente no tenemos—, pero voy a tratar de ser breve aun a riesgo de olvidarme de aspectos negativos que tienen una gran incidencia.
Mira, tenemos la proliferación de puntos de venta que, en no pocas ocasiones, no aportan mucho. Se trata en algunos casos de negocios creados como segunda fuente de ingresos y eso tiene resultados catastróficos. Si a la venta de prensa no se vive con vocación y con ganas de superación, la realidad es que el primer perjudicado es el sector con la mala imagen que hacen algunos al frente del negocio, pero el segundo es el propietario. La clientela es crítica e implacable —sanamente crítica e implacable, diría yo— y raramente tolera errores o falta de capacidad de respuesta del profesional.
—¿Qué me dices de la llamada “prensa gratuita”?
—La “prensa gratuita” es un cáncer. En realidad la “prensa gratuita” es publicidad a la que se le añaden un puñado de noticias sensacionalistas, sin más. Técnicamente, la “prensa gratuita” tiene un nivel deplorable, a la altura de la peor prensa sensacionalista británica. Si comparamos cualquier “gratuito” con la prensa de pago, pues… ¿qué quieres que te diga? ¡No hay color! Sería algo así como comparar una chabola con el edificio de la Lonja.
Y lo peor de todo no es su presencia, sino su voracidad y su descaro. Sabemos que sistemáticamente la ordenanza del Ayuntamiento de Valencia se incumple. Sin ir más lejos, tenemos constancia de que en la línea que baja de Bétera, sobre las 7 de la mañana, a la altura de la estación del Empalme, se introducen repartidores, concretamente del “Qué!”, y dan ejemplares en mano a los viajeros en pleno trayecto. Esto es absolutamente ilegal, pero se está haciendo. Lo saben en “Qué!” y lo sabe —o debería saberlo— la autoridad municipal. ¿Qué se hace para evitar esta ilegalidad? Nada de nada… También hay constancia demostrable que en las paradas de los autobuses y deambulando por la calle se están entregando periódicos… Ejemplares que se dejan en la Ciudad de la Justicia juntito al detector de metales… ¡En fin!
—Otro “punto negro” es el de las suscripciones…
—Por supuesto… y no estamos ante una cuestión menor. Pensamos que el editor debería tener más conciencia de lo que es y representa un punto de venta. Yo creo que se equivocan, pero desgraciadamente no abandonan su empecinamiento. ¿Acaso no sería mejor ofrecer esa suscripción a través del punto de venta?
Las suscripciones, además, se han convertido en una especie de feria. Suscripciones ofrece ya hasta el Tato. Carrefour y Ono, por ejemplo, ofrecen suscripciones a revistas a cambio de servicios. Esta política es equivocada y, aparte de perjudicar a los profesionales, creo, sinceramente, que perjudica al suscriptor y, a la larga, al editor dando una imagen barata de las publicaciones así como de poco respeto por las mismas. Estoy plenamente convencido que, tarde o temprano, las aguas volverán a su cauce y si no es así, algunos editores tendrán que cerrar, los quioscos después, pero primero serán aquéllos.
—José Miguel, ¿qué hay de las promociones?
—Las promociones son buenas para el sector. Esto es una verdad incontestable. No seré yo quien rechace esta forma de venta. Ocurre, sin embargo, que las promociones adolecen de una descoordinación que a veces sería cómica si no fuera porque los profesionales las padecemos en nuestras propias carnes. Repito: a nosotros no nos molestan las promociones, lo que nos irrita es que no se consulte al sector a través de sus Asociaciones representativas. Tampoco podemos negar que ha habido diálogo, lo ha habido, efectivamente, pero ese diálogo se queda en nada cuando editores y distribuidores hacen, al final, lo que les viene en gana. Creo que deberían ser conscientes que una buena distribución estimula al profesional y, al contrario, una mala distribución hace que su interés por dar salida a ese producto en concreto decaiga.
En el tema de las promociones tengo que salvar a LEVANTE-EMV. Aun a riesgo de que alguien se enfade conmigo, tengo que decir que esa gente cuida al sector, nos consulta, están atentos a nuestras sugerencias… Muchos deberían tomar nota de la actitud de LEVANTE-EMV y cuanto antes mejor.
—Para terminar, ¿cómo has visto todo este lío de la “Ley antitabaco” y la posterior rectificación del Gobierno autorizando la venta a través de máquinas expendedoras?
—Más que un lío ha sido un auténtico esperpento, un esperpento que nos ha dañado seriamente y cuyas cenizas están aún calientes. El daño ha sido económico, pero también ha sido moral. Mala política es esa de dar un paso para, a los cuarenta días, recular y además recular de manera confusa.
Por faltar, ni siquiera han faltado gentes con poder que nos han tomado por el pito del sereno. Personas atrincheradas en la burocracia, que se han permitido el lujo de hablar despóticamente del sector, como si nosotros, los quiosqueros, fuéramos ciudadanos de segunda o tercera categoría; peor aún, una especie de delincuentes tolerados. La “Ley antitabaco” nos maltratado. El Gobierno ha rectificado, en efecto, pero lo ha hecho tarde y mal. La realidad pura y dura es que donde había paz social ahora ya no la hay o por lo menos no la hay como la había antes del 1 de enero pasado. Por muchas vueltas que le he dado a la cuestión, he acabado por no entender determinados comportamientos. ¿Acaso los políticos no están en la política para solucionar problemas a los ciudadanos en lugar de crearlos artificialmente? Los quiosqueros jamás debimos ser maltratados de esa manera.
En cualquier caso, mi opinión sobre todo esto se ajusta a lo que ha dicho y dice la Junta Directiva de la Asociación. A lo que ha dicho y dice CONADIPE. Comparto al cien por cien lo que dice la Junta, en primer lugar porque soy un miembro de ella y, en segundo lugar, porque estoy absolutamente convencido de que la razón ha estado en todo momento de nuestra parte.
Lo que más me gustaría que quedase después de este asunto del tabaco —que, por cierto, nos ha hecho ver las orejas al lobo—, es que las movilizaciones hayan servido para dar mas unión y fuerza al sector, más participación y solidaridad entre todos los vendedores… Ha sido y es una buena oportunidad para seguir avanzando…
—Gracias, José Miguel, por atendernos.
—¡A vosotros, aquí tenéis vuestra casa!
La gente se arremolina en el local. Se nos ha hecho imposible por más tiempo secuestrar a José Miguel.
—¡Hasta cuando queráis…! —nos dice mirando con el rabillo del ojo el tajo.
Abandonamos el quiosco de José Miguel con la sensación de hacerlo de un auténtico templo de los puntos de venta: impecable, cuasi cartesiano, donde cada cosa está en su sitio y cada sitio tiene su razón de ser. Al salir, después de haber vivido unos minutos intensos, el chirimiri vuelve a acompañarnos. Que nadie lo dude, volveremos. José Miguel Sánchez es uno de esos tipos que valen la pena: piensa lo que dice y dice lo que piensa.





