Según informaba LEVANTE-EMV en su edición del pasado jueves, 24 de mayo, el fotógrafo británico Justin Canning ha lanzado una iniciativa en Londres contra los “gratuitos” que, en número de millón y medio al día, generan residuos que empiezan a ser preocupantes para las administraciones locales.
Así, el distrito londinense de Westminster necesitará, en el plazo de dos años, un presupuesto extraordinario de unos 735.900 euros “sólo para gestionar los residuos de los periódicos gratuitos”.
El próximo 13 de junio un centenar voluntarios adscritos al proyecto “Freesheet” empezarán a recoger en el metro de Liverpool “gratuitos” durante un día, al tiempo que “mantendrán conversaciones con los usuarios [del metro] para informarles del impacto que éstos producen en el medioambiente”. Para estos ecologistas urbanos los “gratuitos” generan “desperdicios de un producto tirados a la ciudad como si fuese un vertedero”.
Esta es otra de esas grandes diferencias entre la prensa de “calidad” —como a nosotros nos gusta llamarla en elkiosco.info— y los “gratuitos”. Es obvio que el consumidor de prensa “gratuita” al no costarle el ejemplar un solo céntimo se despreocupa completamente por la suerte del papel impreso, que acaba convirtiéndose en basura arrojada al espacio público —metro, aceras, mobiliario urbano y calzadas— de manera indiscriminada. Todo lo contrario que el lector de prensa de “calidad”, que valora los pliegos en su justa medida: porque le cuesta un esfuerzo económico, porque es el lector quien elige la cabecera en la que se siente más cómodo —esto es, información frente a un haz de noticias estrambóticas y sensacionalistas que hacen de coreografía de un indiscriminado bombardeo publicitario—, y porque, al fin y a la postre, los periódicos de “calidad” acaban donde tienen que acabar: en los contenedores de papel para su ulterior reciclaje.
Y es que lo barato —¡ya se sabe!— acaba saliendo caro.





