Después del verano y cual aves migratorias los coleccionables vuelven a aparecer en los quioscos españoles. Como en ocasiones anteriores reinciden con su presencia las históricas y habituales colecciones, junto a las novedades y nuevos productos que tienen por objetivo buscar al aficionado a las colecciones o al puntual cliente devoto de tal o cual pasión del recuerdo.

Este año puede que sea un año especial y que ello se traduzca en un elemento positivo o negativo. Está claro que el potencial coleccionista es mucho más rentable para la promoción editorial y para el punto de venta cuando se adentra en su afición más allá del número 1 y 2, es decir, cuando desea llevar a cabo toda la colección.

Decimos que puede ser negativo puesto que a nadie se le escapa que la situación actual de crisis y de paro generalizado no es nada favorable para que el habitual cliente de quioscos se decida a mantener el gasto permanente y futuro que supone llevar a cabo una colección hasta su final.

Y decimos que puede ser positivo –y es más un deseo- por cuanto, precisamente y a pesar de tantos sinsabores que el mundo laboral y económico le pueda deparar, el cliente aficionado a las colecciones pueda decidirse a completar una de ellas como pequeño placer ante tan pertinaz sufrimiento.

Habrá que ver como funcionan este año los coleccionables. Los primeros números suelen venderse con bastante facilidad y suponen un elemento de enganche para el aficionado a la promoción. Es a partir del tercer y cuarto número cuando la pasión se desploma, precisamente cuando es más rentable y supone un beneficio mayor para el quiosco.

Esperemos que este año la pasión del coleccionista pueda superar los vientos adversos de la situación de crisis actual. Eso deseamos todos.