Valencia es ya una fiesta y a nuestra fiesta han contribuido y contribuyen los quioscos de manera directa, de tal forma que unas Fallas sin quioscos serían, a todas luces, «menos Fallas». Los quioscos sirven, en no pocos casos, de lugar de encuentro y, obviamente, para aquellos que tienen las pertinentes autorizaciones de almacenaje y venta, de suministro de esa savia festera imprescindible que es la pólvora.
Aunque todos los profesionales ya lo saben de manera sobrada, no está de más recordar aquí que la venta de este tipo de productos no sólo requiere las pertinentes autorizaciones, sino que hay que extremar las precauciones y el seguimiento que han de hacer ha de ser en todo momento exhaustivo.
Los artificios pirotécnicos no pueden venderse, ya lo sabemos, a quienes se encuentren bajo los efectos de bebidas alcohólicas o sustancias estupefacientes y, desde luego, no se pueden suministrar a partir de las 12 de la noche.
Especial hincapié hay que hacer en lo referente a las restricciones legales sobre el almacenaje para los explosivos de las clases II y III. No es de recibo que agentes de la Policía Local de Valencia hayan decomisado hasta el pasado lunes, día 13, más de una tonelada de material pirotécnico a establecimientos que sobrepasaron los límites de estocaje, si bien es cierto que las anomalías se han concentrado en poquísimos puntos de venta. Los quioscos no pueden ni deben convertirse en noticia permanente en las columnas de sucesos de la prensa local, puesto que la fiesta no es incompatible con la rentabilidad, pero sí con la irresponsabilidad.
Con toda razón, la Policía Local de Valencia ha hecho un llamamiento solicitando la colaboración ciudadana «para evitar riesgos innecesarios» como consecuencia de «almacenar en exceso» productos de riesgo. De ahí que  la voz de la Asociación Profesional de Vendedores de Prensa de Valencia y Provincia (APVPVP), a través de elkiosco.info, se una a la de las autoridades locales, para recomendar a todos los amantes de la pólvora que adquieran los productos pirotécnicos en quioscos autorizados, exijan a los profesionales máximo celo y, por supuesto, la utilicen —la utilicemos todos— de manera consciente y cívica.