Como cada año, a finales de agosto y principios de septiembre, los coleccionables vuelven a poblar las estanterías y el suelo de nuestros quioscos. El cartón es el protagonista y tras él una variedad inimaginable de las posibilidades del coleccionismo. Con los primeros números llegan las ofertas de lanzamiento de la promoción y con ellos el cartón explicativo, a doble cara, de lo que contendrá la misma.

Las colecciones asiduas de cada año, las que son recurrentes al coleccionista, vuelven otra vez —a tus brazos otra vez, que diría la canción— al quiosco: cursos idiomas, abanicos, naves, coches, cursos de punto de cruz, novelas de todo tipo, música, colecciones de cine, manualidades, etc., etc.

Y también, como cada año, aparecen nuevas colecciones, algunas increíbles por las posibilidades de colección que implican. Hay gente para todo. Dentro de las novedades de este año aparecen los abanicos-arte, figuras de superhéroes, naves de la Guerra de las Galaxias o los soldados de plomo de las guerras del siglo XX, pasando por las figuras de la diligencia del Far West o por los relojes antiguos. Pero la colección que más ha llamado la atención es la de los Rosarios de la Virgen María. Sin duda es la que más ha sorprendido a todos.

El precio asequible de los primeros números y la publicidad en televisión hacen que sean fácil y rápidamente vendidos. Después el cliente hace números —a partir de la segunda entrega se incrementa el precio— y abandona a las primeras de cambio lo que podría ser una eterna dependencia para acabar con la colección. Sin embargo, algunos —pocos— llegan a concluirlas. Hay clientes que están terminando en el día de hoy colecciones que empezaron en la temporada pasada.

Las colecciones que mejor se venden y que mejor aceptación tienen son las de libros y los cursos de inglés. Por el contrario las colecciones de maquetas o que son excesivamente largas son las que menos éxito tienen para el coleccionista ocasional o contumaz.

Es innegable que este tipo de colecciones —sobre todo por las ofertas de los primeros números y la facilidad de ventas que conllevan— y a pesar del inconveniente del cartonaje suponen un incentivo de ventas para el quiosco de prensa, sobre todo tras la vuelta de las vacaciones, momento en el que la rentabilidad del negocio debe ponerse las pilas buscando beneficios.