A los medios de comunicación les está ocurriendo últimamente lo mismo que a los malos árbitros de fútbol: con demasiada frecuencia se convierten ellos mismos en noticia. Y cuando dicha noticia, además, conlleva un rifirrafe entre editores, la anomalía se convierte en una situación poco saludable y nada ejemplar.
En su edición de ayer, 24 de mayo, EL MUNDO denunciaba la asincronía que existe entre el Estudio General de Medios (EGM) y la Oficina de Justificación de la Difusión (OJD). Frente a una valoración negativa del EGM, EL MUNDO ha aireado unas cifras de la OJD que contradicen seriamente los números de los primeros. Aduce EL MUNDO que, lejos de la situación negativa que le endosa el EGM, el rotativo que dirige «Pedrojota», con respecto a los datos de abril de 2005, tiene un incremento de más de 24.000 lectores (pasa de 210.175 a 234.228) o, lo que es lo mismo, tiene un aumento del 11,40%.
Según EL MUNDO, EL PAÍS habría experimentado un retroceso del 16,90%, ABC un 36,20% negativo, mientras que LA RAZÓN habría subido un 5,30%.
Estos datos, como decimos, contrastan de manera sorprendente con los ofrecidos por el EGM, organismo para el que EL MUNDO habría perdido un 4,9% de lectores, EL PAÍS tendría un 1,1% de lectores menos, ABC habría experimentado un crecimiento del 2,90%, mientras que LA RAZÓN quedaría en una situación estable.
¿Quién está en lo cierto? Como se sabe, el EGM valora sobre el número de lectores, mientras que la OJD lo hace sobre ejemplares vendidos. Podríamos decir que, mientras la OJD valora objetivamente, el EGM lo hace de manera especulativa a través de encuestas. Desde nuestro punto de vista, ambas mediciones son —o deberían ser— correctas, puesto que si bien es cierto que la OJD no deja lugar a dudas sobre las cifras, no menos cierto es que un periódico tiene, por regla general, más de un lector (pensemos en bares y restaurantes, hogares del jubilado, centros de trabajo con una gran concentración, bibliotecas, etc., etc.).
Ya nos gustaría, ya, que las aguas volvieran a su cauce, pero, o mucho nos tememos, o el suculento pastel de la publicidad está desatando y va a desatar a corto y medio plazo más de un protagonismo indeseado. Nuestro anhelo, en cualquier caso, es que los únicos ríos que corran no sean los de sangre sino los de tinta..
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