Existe un viejo adagio que dice, más o menos, que si ves las barbas de tu vecino pelar, es conveniente poner las tuyas a remojar. Malos tiempos corren para la prensa estadounidense y bueno sería que los editores españoles, en estos tiempos de cambios fulgurantes, se pusieran manos a la obra.
En efecto, las cifras de prensa impresa del imperio de las barras y las estrellas no deja de superar porcentajes negativos. Entre octubre del año pasado y marzo de 2006, el volumen total de ventas ha caído un 2,6% y, entre los más significativos batacazos, está el del rotativo THE WASHINGTON POST, cuyas ventas se han reducido en un 3,7%, aunque no es el más grave, ya que diarios como LOS ANGELES TIMES retrocede un 5,4% o el SAN FRANCISCO CHRONICLE cuya bajada es, nada más y nada menos, que del 15,6%.
La Asociación de Diarios norteamericanos contrasta esta información con el espectacular aumento de los informativos digitales que, el primer trimestre de este año, alcanzó máximos históricos.
¿Y en España qué?
El pasado martes, 23 de mayo, celebró la Asociación de la Prensa de Madrid la primera de las mesas redondas que van a abordar, durante unas semanas, la situación en nuestro país de los medios de comunicación. En esa primera mesa participaron representantes de ABC, LA RAZÓN, EL PAÍS y EL MUNDO.
Según los ponentes, los ya cada vez más que evidentes síntomas de crisis en España se deben, fundamentalmente, a la pujanza de la red internet y la agresiva presencia de los llamados «gratuitos». Con respecto a internet, el subdirector de EL MUNDO, Pedro G. Cuartango, afirmó que la red de redes supone una amenaza mucho mayor que en la que en su momento representaron radio y televisión. Como contrapunto, parece más que evidente que la calidad de la prensa de papel supera con creces a los informativos digitales y, sobre todo, a los «gratuitos».
Los representantes de los diarios achacaron la situación en España a las editoras que, según Carlos Maribona, subdirector de LA RAZÓN han recurrido «al error de las promociones en lugar de mejorar a los periodistas», profesionales que, en la actualidad, se ven forzados a desarrollar la tarea que hace solamente unos años hacían tres periodistas, y a la escasa atención que se presta a los jóvenes profesionales recién licenciados.