Dos víctimas colaterales ha producido la “Ley Antitabaco”. Una, obvia, el cliente. La otra, los profesionales del estanco.
La prohibición temporal de venta de tabaco en los quioscos generó en los estancos pérdidas de alrededor de un 30%, pues no en vano los estanqueros, que en la práctica ejercían de intermediarios, han visto incrementado su volumen de trabajo y, en algunos casos, hasta han tenido que contratar personal.
Según ha podido saber elkiosco.info, la modificación de la “Ley Antitabaco” no ha sido motivo de alborozo para los estanqueros que, en buena lógica, consideran que la venta en mano sigue siendo la mejor fórmula para los quiosqueros. Si los estanqueros venden en mano —arguyen—, ¿por qué no lo puede hacer un quiosquero?
La realidad es que la incomodidad de la venta a través de máquina no beneficia en nada al estanquero. Esta caída de ventas en los quioscos se reabsorbe, sí, pero a costa de asumir gastos imprevistos e indesados.
El Real Decreto-Ley de 10 de febrero, a juicio de los estanqueros consultados, es un parche, puesto que la falta de espacio en los puntos de venta de prensa —en muchos casos— y elevado coste de dichas máquinas expendedoras y su rentabilidad a largo plazo —en todos—, va a suponer que muchos quioscos se vean obligados a no poder vender tabaco nunca más.
Lejos de lo que se pueda pensar, los estanqueros se han beneficiado de “cuota de mercado” durante estas semanas de desvarío gubernamental, pero han tenido que pagar un precio demasiado alto. El caramelo, en este caso, ha sido un caramelo envenenado.